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Creyentes y ateos, abarrotarán iglesias este miércoles de cenizas

Ya es Miércoles de Ceniza: este 6 de marzo empieza la Cuaresma, los 40 días de ayuno, oración y limosna para preparar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección en Semana Santa.

El Miércoles de Ceniza se llenan las iglesias, aunque en casi todos los países es día laborable y en realidad la Iglesia no exige acudir al templo este día.

Sin embargo, el ritual de la imposición de la ceniza es muy sugerente y atractivo: acude mucha gente que no va casi nunca a misa. De hecho, al contrario de lo que sucede con la Comunión y otros sacramentos, sólo para bautizados, cualquiera puede recibir la ceniza, sea ateo, musulmán o budista. Es una buena ocasión para invitar amigos de otras religiones.

El significado de la ceniza

El Miércoles de Ceniza es una celebración contenida en el Misal Romano. En este se explica que al término de la Misa, se bendice e impone la ceniza hecha de los ramos de olivo bendecidos en el Domingo de Ramos del año anterior. Este ritual de imposición de ceniza se celebra desde el siglo XI, pero la ceniza sobre la ropa y el pelo es un signo de penitencia que ya encontramos en el Antiguo Testamento.

El artículo 125 del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia da más datos sobre este símbolo: “El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual”.

“Polvo eres y en polvo te convertirás”

Como signo de humildad, la ceniza remite al texto de Génesis: “Dios formó al hombre con polvo de la tierra” (Gn 2,7); “hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho” (Gn 3,19).

Al término de la homilía el sacerdote impone la ceniza. Está permitido que sea ayudado por laicos en esta tarea. Se imponen en la frente, haciendo la señal de la cruz con ellas mientras el ministro dice las palabras bíblicas: «Polvo eres y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio».

Para obtener la ceniza se deben quemar los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Estas son rociadas con agua bendita y luego aromatizadas con incienso.

Cuando no hay sacerdote la impartición de cenizas puede realizarse sin Misa, de forma extraordinaria. Sin embargo, es recomendable que al acto se preceda por una liturgia de la palabra. Es importante recordar que la bendición de las cenizas solo puede realizarla sacerdote o diácono.