Las operaciones de rescate tras la avalancha que enterró a un remoto poblado de Papúa Nueva Guinea continúan este jueves, con la llegada de maquinaria pesada y entre las dificultades que presenta el terreno, mientras las esperanzas de hallar supervivientes se desvanecen seis días después.
El remoto poblado de Yambali fue sepultado en la madrugada del viernes mientras sus pobladores dormían por una enorme lengua de rocas y lodo de entre seis y ocho metros de altura.
Sobre un terreno que todavía no se encuentra completamente asentado, los voluntarios y equipos de emergencia tratan de cavar con palas y retirar piedras con las manos para sacar cuerpos de los habitantes enterrados.
A la zona ya ha llegado una excavadora, pero ante los peligros que acarrea su uso se ha limitado prácticamente a trabajar en la limpieza de la rudimentaria carretera que da acceso a la población, misión en la que también colabora la compañía minera Barrick, que opera el yacimiento aurífero Porgera, a unos 30 kilómetros de la zona de desastre.
En un comunicado, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indicó que su equipo en el terreno realizó entrevistas a familiares, que agradecieron la ayuda recibida para localizar a su seres queridos y algunos pidieron que se cree un memorial en recuerdo de los fallecidos.
Algunos familiares también dijeron que esperaban más apoyo de la empresa responsable de la mina de oro Porgera, situada a unos 30 kilómetros y cuyos camiones usaban una carretera que pasaba por la zona afectada.
Según la OIM, las Fuerzas de la Defensa van a crear una zona de cuarentena ante el riesgo de salud que supone la descomposición de los cadáveres atrapados en la avalancha.



