Lo que nació a mediados de la década de 2000 como una innovación de diseño pensada para facilitar la navegación web, hoy se ha convertido en el centro de un intenso debate global sobre la salud mental, el marketing y la regulación tecnológica. El scroll, tiene como función que carga contenido automáticamente a medida que el usuario se desplaza hacia abajo sin necesidad de dar clic en «siguiente página enfrenta su mayor escrutinio desde su creación. El comportamiento de los usuarios ha cambiado radicalmente con los años: Años 2000: El scroll era manual y estático; el usuario buscaba un punto de llegada o una paginación clara.
Años 2010: Con la llegada de los smartphones y la eliminación de botones, el desplazamiento se volvió fluido y continuo.
Actualidad: El fenómeno ha derivado en comportamientos compulsivos como el doomscrolling (el hábito involuntario de consumir noticias o videos negativos de forma ininterrumpida)
Este hábito impulsivo redujo el margen de atención humana a escasos 2 o 3 segundos, obligando a marcas y creadores de contenido a reinventar sus estrategias de marketing digital para capturar la atención de forma inmediata mediante ganchos visuales (hooks) agresivos. Para los profesionales de la comunicación y el marketing, el posible retroceso o limitación del scroll infinito plantea un cambio de reglas de juego. Si las plataformas se ven obligadas a restablecer límites visuales o interrupciones de navegación, la estrategia ya no se basará únicamente en retener a la audiencia mediante la inercia, sino en aportar valor real que incentive al usuario a hacer clic voluntariamente. La especialista en marketing digital Itzze Jiménez comenta.



