El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, desestimó este miércoles el aviso de huelga que hicieron los trabajadores del Poder Judicial por su polémica reforma para transformar el sistema de justicia y elegir por voto popular a los jueces y a la Suprema Corte.
El gobernante mexicano minimizó las consecuencias que tendría el paro que el martes adelantó la Asociación Nacional de Magistrados de Circuito y Jueces de Distrito del Poder Judicial de la Federación (Jufed), que se opone a la reforma constitucional que el oficialismo votaría en el Congreso en septiembre.
La agrupación de trabajadores advirtió de que la elección popular de jueces afectaría la carrera judicial y, “sin duda alguna, abriría la posibilidad de que grupos de poder, incluso ilegales, ejerzan presión efectiva sobre los poderes judiciales”.
Pero el presidente insistió en que la reforma busca erradicar la corrupción de la cúpula del Poder Judicial, que “está al servicio de minorías, de grupos de intereses creados, es un apéndice del poder económico del país”.
Incluso, el mandatario ironizó que con la huelga acabarían “los sabadazos”, es decir, liberaciones polémicas de presuntos criminales que ocurren los sábados, como la orden de excarcelación este fin de semana del exgobernador del estado de Puebla (2005-2011) Mario Marín, acusado de torturar a la periodista Lydia Cacho.
Y les “encargó” que antes del paro “ayuden a resolver” dos expedientes que “tienen guardados” por adeudos fiscales de empresas por un monto de 35.000 millones de pesos, dijo.



