Con el inicio de un nuevo ciclo escolar, las mochilas nuevas, los uniformes impecables y los útiles escolares acaparan los titulares y la atención de las familias. Sin embargo, detrás de la logística y el entusiasmo comercial se esconde un proceso psicológico profundo y, muchas veces, silencioso: el desapego emocional entre los niños y sus cuidadores principales.
La psicóloga Melisa Euan señala que el regreso a las aulas no representa únicamente un cambio de rutina u horario, sino una de las pruebas de adaptación más significativas en el desarrollo socioemocional de la infancia. Para un niño o niña, cruzar la puerta del colegio implica separarse temporalmente de su “zona segura” —casa y familia— para adentrarse en un entorno donde debe confiar en nuevas figuras de autoridad y en sus propias capacidades de autorregulación.



